Los hornos de cal han ardido en Orgaz por última vez. Es el fin de un proceso habitual en la España rural de hace años. Se extrae la materia prima y se clasifica en hileras para posteriormente quemarla en hornos como este, armados de forma que se favorezca la cocción, con la misma técnica que aplicaban los romanos. Primero las piedras gordas, después las más menudas encima, para evitar que el calor se pierda. La localidad hace así un guiño al calero, durante años una de sus señas de identidad, favorecida por una situación geográfica que lo coloca sobre un manto arenoso y con frecuentes afloramientos de piedra caliza. El oficio vuelve a su raíz. Sus innumerables aplicaciones aprovechan la propiedad que la cal tiene para adquirir dureza al contacto con el aire: desde la fabricación de mortero para la construcción de muros y paredes, al blanqueo de caseríos y abono en las tierras de labranza. Para la cura de heridas en la ganadería o como desinfectante de establos.